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Bienestar corporativo como estrategia para activar la inteligencia colectiva

Cómo una cultura emocionalmente sostenible impulsa la creatividad, la colaboración y la toma de decisiones en las empresas.

Hablar de bienestar ya no es hablar únicamente de beneficios extra. Es hablar del motor que impulsa nuestra forma de pensar, decidir y colaborar, algo clave para el futuro de cualquier empresa.

La neurociencia organizacional lo deja claro: el estado físico y emocional de las personas afecta directamente a su atención, memoria, creatividad y toma de decisiones. El estrés sostenido, la falta de descanso o un clima emocional tenso no solo influyen en el ánimo, debilitan nuestra capacidad para resolver problemas complejos y para innovar.

En cambio, los entornos emocionalmente sostenibles permiten que emerjan las mejores ideas. No se trata de que todas las personas de un equipo estén de buen ánimo constantemente, sino de generar un espacio en el que puedan trabajar con claridad mental, seguridad y sentido de pertenencia

Pero seamos realistas: el bienestar no es una línea recta. Las personas y los equipos atravesamos, inevitablemente, momentos de presión, incertidumbre, frustración o fatiga. No siempre se puede estar bien. Y eso también hay que saber gestionarlo.

Una cultura saludable no se construye evitando las emociones difíciles, sino aprendiendo a gestionarlas sin que nos desborden. Se trata de acompañarlas, no de bloquearlas; de hacer espacio para la vulnerabilidad, sin caer en el dramatismo ni en un positivismo forzado.

Si queremos equipos creativos, comprometidos y resilientes, necesitamos empezar por ahí: por el cuidado real, cotidiano y compartido.

Cuidar no significa suavizar ni evitar los problemas. Es activar nuestro potencial. Es diseñar un entorno donde las personas puedan concentrar su energía en aportar valor, en lugar de gastarla en protegerse de la incertidumbre o el conflicto. 

En nuestra empresa, como en muchas otras hoy en día, intentamos facilitar esta cultura de bienestar a través de herramientas como el acceso a seguros médicos, sesiones de psicología o el impulso de hábitos de vida saludables. Pero sabemos que no se construye sólo desde el área de RRHH: lo construimos entre cada una de las personas que formamos parte de la organización, cada día, en cada interacción

Escucharnos más allá de lo urgente, cuidar el modo en que nos hablamos o crear espacios de confianza para pedir ayuda cuando hace falta son prácticas sencillas, pero potentes, para crear el ecosistema que nos permite desarrollar la creatividad, la innovación y la colaboración.

Y en esta conversación, a menudo olvidamos una pieza clave que me parece importante destacar, y que para mí es esencial formar y acompañar especialmente dentro de cualquier política de bienestar: las personas que lideran equipos. 

Son quienes sostienen, motivan, resuelven. Pero también quienes acumulan el mayor desgaste emocional. Se espera que tomen decisiones difíciles, mantengan el ánimo del equipo y estén siempre disponibles. Y muchas veces, lo hacen sin red.

Creo que liderar no debería ser sinónimo de absorberlo todo. También quienes lideran necesitan espacios donde revisar cómo están, pedir apoyo y poner límites sin dejar de acompañar a su equipo. 


En resumen, crear entornos de trabajo emocionalmente sostenibles y que favorezcan desplegar todo nuestro potencial depende, sobre todo, de la cultura que construimos cada día

  • Aceptando que no siempre estamos bien
  • Fomentando relaciones de calidad 
  • Abriendo espacios donde hablar de cómo estamos, no solo de lo que hacemos
  • Formando a líderes para que acompañen sin desgastarse 

 

Apostar por todo esto nunca es un gasto, es una inversión consciente en la sostenibilidad del talento y de la cultura que queremos construir.

Irene Martínez
Irene Martínez

Directora de Talento en Thinking Heads.

Consultora especializada en el posicionamiento estratégico y gestión de la influencia de organizaciones y líderes.

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