Sami Naïr nació el 23 agosto de 1946 en Tlemcen (Algeria). Filósofo y Sociólogo francés, es Doctor en Filosofía Política en 1973 y Doctor en Letras y Ciencias Humanas, seis años después, por la Universidad de Sorbona. Imparte sus clases de Ciencias Políticas en la Universidad de París VIII y la Universidad Carlos III Madrid. Adicionalmente, ha sido profesor visitante en la Universidad de Valencia.
"El lenguaje es totalitario porque siempre sintetiza una relación de fuerza"
En otras sedes gubernamentales ha desempeñado sus labores como: Suplente de la Delegación para las Relaciones con los Países del Mashreq y los Estados del Golfo, Vicepresidente del Movimiento de los Ciudadanos: Attac, Asesor en el Ministerio del Interior francés, entre 1997 y 1998, Delegado Interministerial para el Co-desarrollo hasta 1999 y Experto en la Comisión Europea para la selección de los proyectos candidatos a los programas MED en 1995.
Ha publicado, entre otras obras: Lucien Goldman ou la dialectique de la totalité, Machiavel et Marx: du fétichisme du pouvoir à la passion du social, L'immigration expliquée à ma fille y El peaje de la vida. Varios de sus libros más renombrados han sido traducidos al español, entre ellos, Mediterráneo Hoy, Entre el Diálogo y el Rechazo, En el Nombre de Dios o Las Heridas Abiertas.
De sus múltiples facetas como político e intelectual, aquella por la que Sami Naïr ha llegado a ser más conocido y apreciado ha sido la de defensor de los derechos de los inmigrantes, que le ha llevado a involucrarse en el debate sobre la inmigración, con una postura de oposición radical a cualquier manifestación xenófoba o racista.
En 1994 el presidente francés François Mitterrand le solicitó la elaboración de un informe que se convirtió en un modelo de integración de inmigrantes y que definía el concepto de co-desarrollo como idea central para contribuir a dicho fin. Tras la elección de Lionel Jospin como primer ministro, en junio de 1997, Naïr fue nombrado delegado interministerial para el Co-desarrollo y las Migraciones Internacionales, con lo que quedó bajo su cargo la política francesa en materia de gestión de los flujos migratorios.
“El poder no reside en los Estados, sino en las multinacionales, y se necesitan instituciones que establezcan reglas y limiten su radio de actuación”
La denominada “Fórmula Naïr” sobre el co-desarrollo persigue acabar con la cuestión de la inmigración o, al menos, lograr que ésta deje de ser considerada como un problema social. Esta teoría ha llegado a convertirse en uno de los ejes centrales de la política europea sobre flujos migratorios. Sobre este asunto, Naïr afirmó en una ocasión: “La inmigración no es un problema político. Es un fenómeno social, como el crecimiento demográfico, el aumento de los matrimonios o de los divorcios o la distribución territorial de la población, que obedecen a tendencias de gran peso”.
La “Fórmula Naïr” se ha relacionado con el comportamiento real de los inmigrantes. Éstos, cuando emigran para trabajar en un país extranjero, ahorran el dinero que ganan para enviárselo a sus familias. Así pues, se trataría de favorecer la capacidad de ahorro de los inmigrantes y encauzar este dinero hacia proyectos en sus países de origen. De esta manera, el objetivo a cumplir consiste en establecer microproyectos y relaciones horizontales entre los municipios de los países de acogida y los de origen.